Música

Hablamos de rock e industria con Martin Sanchez

Martin Sánchez ofrecerá un nuevo directo en la Sala Boite

El próximo 17 de Mayo se realizará la nueva grabación de un videoclip en directo

Nos citamos con Martin Sánchez (Martin, sí, como Scorsese), un artista que trae consigo un gran espectáculo de rock elegante, con clase. Un estilo clásico e intimista con reminiscencias del folklore afronorteamericano y una influencia que ha arrastrado consigo parte de sus referentes del afterpunk con el que se ha sentido identificado desde sus inicios. Entre otros atisbos como las raíces tintadas de negro del soul y rythm and blues, descubrimos también su anterior trabajo, ‘Personal Suite’... Ahora regresa a los escenarios para preparar su próximo videoclip. ¿Quieres descubrir más? Atent@s a las siguientes líneas.

¿Cómo se plantea la próxima fecha?

El 17 de Mayo en Boite, es un concierto que aún no está enmarcado en una gira completa pero tampoco pertenece a la etapa anterior. Nos sirve para grabar nuestro próximo videoclip en directo y presentar a un nuevo miembro, el joven guitarrista Danny King. También para volver a los escenarios, retomar nuestra actividad musical en directo y desoxidarnos. Lo principal, es grabar el videoclip.

¿Ahora que incorporáis a un nuevo miembro muy joven, se nota el cambio entre generaciones en la banda?

La banda es bastante heterogénea en cuanto a la edad. Es un grupo muy equilibrado, no somos todos de la misma generación entonces, bueno, está bastante repartido. En cuanto al nuevo miembro, tiene una mentalidad muy madura, así que se ha integrado bien dentro del conjunto.

¿Cuánto tiempo llevas con este proyecto?

Comencé a tocar y cantar en bandas de manera profesional en el año 1997. En 2003 decidí dedicar unos años a mi carrera como actor, fuera de la música para retomarla en 2008. Así empezó Martin Sánchez en solitario, en Donosti, con gente de la escuela superior de jazz… la primera formación era “Martin Sánchez y la Dolce Vita”, estuvimos girando un año y pico. Luego me vine a Madrid y empecé a buscar nuevos músicos en la capital.

¿Cómo fue todo este jaleo?

Formar parte de una banda significa hacer demasiadas concesiones que ya no estaba dispuesto a hacer. Te das cuenta de que la energía se dispersa más en discusiones que en acciones creativas o que te impulsen hacia un lugar. Se pierde mucha energía discutiendo. Me encanta la idea de grupo y de banda, me formé así. Pero llegó un momento en el que quise tomar una dirección que no era compatible con mis compañeros de otras bandas.

¿Quizás profesionalizar una banda sea uno de los mayores choques que puede haber con otros miembros?

Al final mucha gente se lo toma como un hobby, y yo siempre me he dedicado a esto de manera profesional. El problema es que en este sector hay mucho intrusismo, nadie lo dice, porque queda mal… pero vaya si existe. Y luego está esa puñetera manía de victimizar al músico, y la constante y permanente actitud del músico llorón queriendo dar pena y culpando al exterior de todos sus males, yo no tengo nada que ver con eso y no lo comparto en absoluto, no me metí en esto para dar pena, ni para dormir en el “hotel Cucaracha”, si te metes en ésto tienes que saber a dónde vas, qué es lo que quieres,

tocar para tus colegas o llegar al gran público, esa es la cuestión, pero eso conlleva un sacrificio personal,

una decisión que no todo el mundo está dispuesto a asumir, en éste oficio no vale nadar y guardar la ropa, llega un momento que cruzas una línea y ya no hay vuelta atrás.

¿Te planteaste hacer música por hobby o realmente estabas seguro de que buscabas profesionalizarte?

Desde el año 1997, en que grabé mi primer disco con un productor importante (Paco Trinidad) y firmé mi primer contrato discográfico, he estado creando, grabando y girando con distintas bandas por todo el territorio nacional de manera profesional, salvo un paréntesis de unos 5 años en los que decidí adentrarme en la disciplina de la interpretación actoral, para vivir una serie de experiencias en dos sectores que me fascinan, como son el teatro y el cine.

¿Cómo vive actualmente la música la sociedad?

Hoy en día la música para muchos, es más una especie de pose que una necesidad. Para mí la música es una forma de canalizar emociones a través de una vibración sonora.

¿Cómo ves la forma de consumo de música actual?

Soy de los de creen que la evolución al fin y al cabo siempre es positiva. El agarrarse a viejos clichés no suele dar buenos resultados. Es cierto que la llegada de internet y las plataformas digitales fue algo muy transgresor para aquellos que estábamos en el entorno anteriormente, que hacíamos un negocio clásico o analógico. Un momento muy revolucionario. Sobrevive el que consigue adaptarse.

¿Y cómo está la industria?

A día de hoy debemos ser positivos. La música en directo goza de buena salud, de hecho incluso está volviendo el vinilo, esto es una rueda.

Ahora mismo en este país se está viviendo un buen momento para el negocio de la música, mucho mejor que hace diez años. En los 80 había mucho dinero invertido detrás de una estrategia política muy concreta, hacia la música. Y como casi siempre sucede, que esto tiene una parte buena y otra mala, si ese dinero no se utiliza para crear estructuras fuertes, si desaparece, la industria se queda en los huesos. Por eso a mediados de los noventa, cuando se deja de subvencionar esto, porque hay un cambio de gobierno, la industria se convirtió en algo raquítico. Y es entonces cuando se empieza a crear algo mucho más firme, partiendo casi de cero, pero con capital privado, emprendedores y gente que apostó por esto.

Ahora mismo no tenemos una industria como la de EEUU, Inglaterra u otros grandes países europeos, pero sí algo mucho más fuerte que hace diez años. Lo que hay es mucho más real,

ya no depende de dinero público (no como antes, ahora se hacen cosas puntutales). Y las grandes multinacionales han tenido que reinventarse, aprender y evolucionar acorde con los tiempos.

¿Hasta qué punto te han influido los artistas de rock clásico en tu música?

Empecé con el afterpunk. Los primeros discos que tuve siendo adolescente eran ‘In The City’ de los Jam, el primer álbum de The Clash, y un recopilatorio de los Ramones que se llamaba ‘Ramonesmanía’. Nosotros empezamos a escuchar a los clásicos por las versiones que hacían las bandas punk inglesas como los Sex Pistols o The Clash. A partir de ahí, comenzamos a escuchar a los verdaderos clásicos: Eddie Cochran, Elvis o Little Richard y descubrimos el rock n roll clásico, de raíz.

 

 

 

 

 

 

 

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